Control, control, control: La necesidad de controlar a otros proviene de una inseguridad básica de que no somos lo suficientemente buenos y estas podrían ser claras señales de matoneo. Debido a que los abusadores no pueden elevar su propia autoestima, recurren a otros para hacerlo por ellos. Esta falta de autoestima crea un sentido de caos interno. Como resultado, los abusadores intentan controlar lo que puedan, ya sea una situación u otra persona.
Muchas veces intentan acabar con la autoestima de otra persona, aunque sólo sea por aumentar la autoestima de ellos. Siempre y cuando sientan que tienen el poder, entonces no hay amenaza. Si sientes que necesitas controlar a otros en tu vida; tal vez sea hora de que te auto-examines. ¿Qué personas en tu vida te hacen cuestionar tu autoestima? ¿Y por qué? Una vez que determines la respuesta, lo mejor es enfrentarse a estas personas. Cuando establece límites con otros, creas una barrera saludable que protege tu autoestima.
No pueden controlar sus impulsos: Las personas que abusan de los demás no pueden controlar sus emociones. Cuando una emoción como la ira o el miedo surge, no les importa pensar en las consecuencias de sus palabras o acciones, lo que resulta en azotes que hieren a los que les rodean. Una forma de combatir esto es estar en sintonía con los miedos personales y no sólo trabajar en ellos, sino ser capaz de reconocer cuando se activan. Debes decirte a ti mismo que, si bien tiene derecho a estar enojado, también tienes la opción de decidir si dejar que la ira le controle.
Son antipáticos: Lo creas o no, la falta de empatía proviene de sentir el dolor o la angustia de los demás tantas veces que conduce a un agotamiento emocional. Debido a que este dolor es incómodo, algunas personas lo bloquean, creando una distancia entre ellos y otras personas. Ya no ven a los demás como individuos, sino que los etiquetan o estereotipan, lo que hace más fácil causar sufrimiento. La mejor manera de recuperar parte de esa empatía es reconocer que cada persona es un individuo con sus propios problemas de vida.
No le gusta la responsabilidad: Los abusadores son siempre las víctimas. Nunca se responsabilizan de sus palabras o acciones y siempre tienen a alguien a quien culpar. Si azotan y dañan a alguien, es culpa de la otra persona. Irónicamente, también se ven a sí mismos como el héroe.
El presidente Snow en The Hunger Games, por ejemplo, cree que al enviar a los niños a sus muertes cada año, está recordando a todos acerca de los peligros de la rebelión y, por lo tanto, preserva así la paz.
La mejor manera de luchar contra esta línea de pensamiento es demostrar la responsabilidad por tus acciones. Admite que puede haber habido maneras más saludables en las que tú podrías haber respondido a una situación negativa. Sí, la otra persona pudo haber hecho algo para hacerte daño, pero confía en tus propios errores. ¿Cómo podría haber manejado mejor la situación?
Intolerancia: Los agresores tienden a ver a otros no como individuos, sino como facciones que caen en una de dos categorías: "como yo" y "no como yo". El grupo "no como yo" es perseguido y demonizado.
¿Por qué? Debido a los prejuicios aprendidos ya las diferencias estereotipadas. Esta forma de pensamiento perjudicial puede extenderse a todas las áreas de la vida, de la raza a la religión a la política. En las redes sociales, por ejemplo, no es raro ver a varios grupos luchando entre sí sobre las diferencias percibidas.
¿Cómo puedes superar esto? Dar un paso atrás y reconocer que a otras personas se les permite tener un punto de vista diferente. En lugar de atacar a alguien con creencias diferentes, trata de entender sus patrones de pensamiento.

